Si hay un aspecto de la económica española que ha sido discutido por políticos e intelectuales desde hace más de una generación es su elevada tasa de desempleo.

En primer lugar, la medición del paro se hace a través de la «tasa de desempleo», que es el porcentaje de personas en edad y con disposición a trabajar que no encuentran empleo. Actualmente en España esa tasa es del 21%. En la zona euro es del 10.5% y en EEUU el 4.9%. ¿Qué explica una tasa de desempleo tan elevada con respecto a otros países con un nivel de desarrollo similar? Hay que recordar que el elevado paro en España no es un fenómeno reciente sino que se remonta al final de la Transición. A continuación describiremos una serie de hechos que se podrían asociar casi de forma exclusiva a España y que explicarían en gran parte esta particularidad de nuestra economía:

  1. Reconversión industrial. Cualquier cambio estructural en el modelo productivo de un país puede generar desajustes en la oferta/demanda de ciertos recursos. España, al igual que muchos países de nuestro entorno, a principios de los 80 y como requisito de entrada en la CEE, llevó a cabo una serie de cambios estructurales. Una parte de la industria, precisamente la más intensiva en empleo (astilleros, industria pesada, minería), perdió la protección que el Gobierno garantizaba vía aranceles y subsidios. Como consecuencia, muchas fábricas y minas se vieron obligadas a cerrar de manera repentina, enviando al paro a millones de empleados cuya formación y expectativas profesionales llevaban décadas vinculadas a esa industria. Estos procesos no son exclusivos de España. Las comarcas industriales que han sufrido procesos de cierre masivos en otros países presentan un cuadro de crisis y desempleo muy parecidos a los de cualquier región española.
  2. Incorporación de la mujer. Un cambio brusco en la disponibilidad de mano de obra en una economía puede generar alteraciones en la tasa de paro. En los 80 y 90 España vivió una serie de transformaciones sociales que otros países de nuestro entorno habían experimentado 30 años antes. El cambio más relevante fue la incorporación de las mujeres al mercado laboral. Como consecuencia, la población activa (adultos dispuestos a trabajar) aumentó de forma evidente y con ello la tasa de paro, al haber más demandantes de empleo.
  3. El estallido de la burbuja inmobiliaria. Desde mediados de los 90 hasta 2007 el sector de la construcción vivió un crecimiento descontrolado. Al tratarse de un sector intensivo en mano de obra y muy vinculado a otros sectores (banca, consumo, industria  de materiales, etc.), durante estos años el modelo productivo y hasta la formación de la mano de obra se fue adaptando a una situación insostenible. Al estallar la burbuja, casi todo el sector de la construcción ha tenido que cerrar, enviando al paro a millones de personas con una formación y experiencia obsoletas y difíciles de emplear en otros sectores.
  4. Escasos incentivos. La decisión de trabajar por parte de un individuo supone un coste de oportunidad (nadie va a pasar 8 horas al día en una oficina a cambio de nada…). En nuestro país, en comparación con otros países de Occidente, los salarios son, en general, bajos. Ello se debe al cambio de modelo productivo de industria hacia otro más enfocado a servicios de menos valor añadido (turismo) donde el empleado tiene menos capacidad de negociación y presión. También ha influido la Globalización, que ha incorporado una presión a la baja en los costes laborales de todo el mundo desarrollado. Sin embargo, nuestro país aún conserva una fuerte red de protección social vía subsidios de desempleo, rentas mínimas, pensiones públicas y otras ayudas sectoriales (PER, cuencas mineras, etc.). Además, el Estado garantiza la gratuidad y la universalidad de derechos básicos como Educación y Sanidad de razonable calidad. Es difícil convencer a alguien de que acepte un empleo remunerado al nivel de subsistencia, cuando ésta ya la tiene garantizada.
  5. Economía sumergida. En muchos países desarrollados existe una fuerte fiscalización del empleo y España no es una excepción. Por lo general el empleado, pero sobretodo el empleador, pueden ahorrarse hasta un 40% de costes si renuncian a registrar oficialmente su relación laboral. Este tipo de fraude es más fácil de implementar en sectores intensivos en mano de obra, como servicios del hogar, hostelería o agricultura, que en España son muy relevantes. Como consecuencia, es probable que la cifra real de la tasa de desempleo sea algo menor de la que se publica oficialmente.

Con todo ello podemos concluir que la solución al problema del paro es bastante compleja, ya que sus causas muestran claramente fallos estructurales de la sociedad y del modelo productivo de nuestro país muy difíciles de corregir. No es la primera vez que una economía se encuentra de repente con un excedente de personas a las que no puede ofrecer empleo en condiciones razonables. La emigración ha supuesto históricamente una válvula de escape para el problema del paro, pero hasta el momento, en parte por las características socio-culturales de España, aún no han tenido lugar los movimientos migratorios que sí hubo en otros tiempos.